Teníamos muchas ganas de pasar este fin de semana largo en Madrid. Intenté hacer un programa que incluyera un poco los deseos de todos. Alicia quería ir a visitar el museo de
Lázaro Galdiano, había visto un reportaje en la tele y le pareció interesante, a mí también me lo pareció y reservamos la visita guiada a última hora de la mañana después de dejar el equipaje. Este palacete es una gran sorpresa tanto el edificio, los jardines como el interior. Este gran coleccionista de refinados gustos atesoró en su casa todo aquello que le resultó de interés y allí está todo bien puesto y ordenado para que los visitantes aprovechemos todo lo que allí se nos presenta durante la visita. Hay piezas fabulosas.
Las dos queríamos visitar el Palacio del Pardo por lo que busqué toda la información para acercarnos hasta allí, pero fue imposible porque no contábamos con que ese sábado, al ser festivo, tenía los mismos horarios que los domingos, que mucha gente iba a ir a Madrid y que las visitas guiadas estaban completas, por lo tanto, esta visita ha quedado para otra ocasión..
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Por la tarde, fuimos a tomar un pastel antes de hacer una visita por el
Barrio de las letras. Interesante y agradable pasear por estas calles llenas de vida y con tanta historia. Cenamos por ahí y vinos que, en el Teatro Español, había una obra que nos pareció que merecía la pena pero, para esa noche, ya no había entradas, aunque, por suerte, sí había para el día siguiente.
Esencia de Ignacio García May está interpretada por dos de los grandes actores de la escena española, Juan Echanove como
Pierre y Joaquín Clement como
Cecil y que están fabulosos. El teatro en sí es un edificio con mucho encanto y la sala es muy acogedora.
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Al día siguiente, desayunamos un chocolate con porras y churros en San Ginés antes de ir a visitar el
Monasterio de las Descalzas Reales. teníamos reservados una visita guiada. Este monasterio es un sitio mágico que rezuma historia y, al mismo tiempo, humanidad porque las mojas siguen viviendo allí y, durante el recorrido, se notaba la vida de estas religiosas y sus rutinas cotidianas monacales. Además, tuvimos la suerte de poder visitar la iglesia que solo está abierta durante los horarios de misa. Las monjas cantan.
Después estuvimos paseando hasta la Ópera y el Palacio Real, hicimos tiempo para ir a comer todos juntos.
Terminamos un poco más tarde de lo que teníamos previsto e hicimos tiempo hasta la hora del teatro. Seguimos paseando y fuimos a tomar una torrija - es un postre que me pirra- a La Casa de las Torrijas esa torrija es una de las mejores que he comido nunca.
El lunes me resultó un poco más difícil encontrar una visita y me pareció una buena idea ir a la Biblioteca Nacional porque ellos no habían estado nunca. Fuimos a desayunar y, como hacia una buena mañana, empezamos a caminar. Alicia recordó que le sonaba que, por esa zona, estaba la Basílica de Jesús de Medinaceli y así fue.
Después, ya bajamos hasta la plaza de Neptuno y poco a poco, llegamos a la
Biblioteca Nacional. Tuvimos doble suerte, una porque en el edificio histórico había una exposición que explicaba la historia del libro desde su orígenes hasta los incunables que destacaban maravillosamente en este espacio oscuro. Después bajamos a ver la exposición de
El infierno y las maravillas que nos encantó. Después fuimos a por el equipaje y nos acercamos a la estación. Comimos en la
Plaza del Emperador Carlos V en una terracita al sol.
Así terminó nuestra visita a Madrid. Volvimos con la emoción de haber aprovechado estos días al haber visitado nuevos espacios y con las ganas de volver para seguir descubriendo lugares y monumentos de esta ciudad de tantos ambientes.
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