Que las exposiciones de pintura me mueven, es algo que es obvio y que amigo Santiago me acompaña a las exposiciones internacionales también, lo que es de mucho agradecer. Hasta ahora, hemos ido a la de Goya en Basilea, a la de Vermeer en Amsterdam, a la de David Hockney en París y a esta última, la de Zurbarán en Londres. Juntos hemos visitado otros museos, fundaciones y exposiciones, creo que muchas ya, y todas, todas muy interesantes. Con estos viajes, aprovechamos para visitar las ciudades, él las conoce todas, es un gran viajero y de gustos refinados.
A Londres, hace muchos años que fui pero, no recordaba todo. Me gustó mucho volver a ver el Big Ben, el Parlamento, pasar al lado del Palacio de Buckingham, cruzar el London Bridge y el Tower Bridge sobre el río Tamesis, la Torre de Londres, pasear por St.James y Hyde Park, por Covent Garden, por Trafalgar Square, por el Soho, por el barrio Chino, etc. Esta ciudad enorme que no para y que acoge a todos y en la que todos encuentran su lugar y por la que todos tenemos la ilusión de visitar los sitios famosos e históricos, hacernos las mismas fotos, subir a un autobús rojo,...

Yo quise visitar la catedral de San Pablo y Santiago eligió visitar el barrio alternativo de Camden Town, un barrio muy peculiar y original y el mercado de Borough Market que me gustó mucho. Comimos una hamburguesa muy rica, hecha en el momento. Tuvimos suerte porque pudimos sentarnos en un banco, allí se come en cualquier sitio y cualquier tipo de comida del mundo. Un sitio estupendo, de gentes, de mezclas y contrastes.
La exposición la reservamos para el sábado por la mañana, el último día era el domingo 23. Una magnífica exposición de un gran pintor y en la que se incluían cuadros que difícilmente podría haber visto por estar dispersos por el mundo o por pertenecer a colecciones particulares. Me puse muy contenta, porque, al final de la exposición, me encontré con un cuadro que es del Museo Nacional de Escultura de Valladolid La Santa Faz (también conocido como El velo de Verónica o El paño de la Verónica), fechado en 1658. Yo no lo sabía. Lo único que podemos reprochar a esta exposición es que no es muy extensa, los dos coincidimos en esto, porque no te cansas de observar los detalles de los cuadros y se hace corta. Sorprendentes, fueron también los cuadros florales de su hijo, Juan de Zurbarán; una maravilla.
Después, ya subimos a ver las colecciones de la National Gallery. Visitamos más salas de las que habíamos dicho que visitaríamos porque estábamos un poco cansados de las caminatas del día anterior, pero, en una sala había un cuadro estupendo y, en la siguiente, dos y así hasta que llegamos al final, a los impresionistas, a Cezanne, a Matisse, a Picasso. No pudimos resistirnos a tantos pintores y tantas obras excepcionales: las de la escuela flamenca, a Jan van Eyck, Botticelli, Fra Angélico, Rafael, Tiziano, Tintoretto, Canaletto, Tiepolo, Veronese, Leonardo, Rembrandt, Caravaggio, Alonso Cano, Goya... Para mí, ir a este museo, tenía un valor añadido ya que quería ver La Venus del Espejo de Velázquez. Una maravilla. Este cuadro me gusta mucho desde siempre y nunca lo había visto; ha sido un deseo hecho realidad porque me perdí la exposición que hicieron en París sobre Velázquez en 2015 en la que este cuadro estaba. No fui a París a pesar de todo; lo que hace el cansancio.
Otros cuadros que me gustó mucho ver fueron: El Matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck, es fantástico y Los embajadores, de Hans Holbein el Joven, un cuadro sorprendente porque, tal y como, un señor de sala explicó a Santiago, la mancha blanca de la parte inferior, es un cráneo deformado. Había tanta gente delante que casi no se podía apreciar.
El mismo sábado por le tarde-noche, fuimos a ver un musical. Cuando vine la primera vez, vi El rey León; esta vez, decidimos ir a ver Oliver! Fue fantástico: el montaje, el vestuario, los decorados, la música en directo, los actores y sus voces. Todo maravilloso.
La pena fue la vuelta, al día siguiente. Hubo demoras, sobre todo, en el vuelo de Santiago. Llegó a casa con varias horas de retraso y eso que cogimos un vuelo a primera hora de la tarde para evitar los retrasos de final del día.
Sin embargo, fue un fin de semana muy agradable por la ciudad, por las visitas y los paseos, por los parques, por las calles y la gran cantidad de gente y sobre todo, porque estuve en la mejor compañía. La amistad reconforta. Gracias Santiago por venir a Londres y hacer realidad mis anhelos culturales.