Hace mucho calor todavía, parece que seguimos en verano y, sin embargo, ya es otoño, lo ha dicho en la radio el Señor del Tiempo y El Corte Inglés ya ha lanzado su campaña publicitaria de la nueva temporada.
El único que parece que sabe que es otoño, y así lo manifiesta, es el enorme chopo que hay en el patio de vecinos porque sus hojas están amarilleando, como, supongo, estarán también las de los chopos del Canal de mi pueblo. Tengo esta imagen de la hilera de árboles de ambas orillas del Canal poniéndose un poco más amarillas cada día de cuando iba con mi madre a pasear por la carretera después de comer. La acompañaba antes de que empezara la Uni, y el sol ya había bajado. Siento bastante nostalgia de aquella época, creo que me he hecho mayor, mi pasado vuelve. Tuve una buena y bonita infancia y juventud, serenas, entre dos pueblos; uno más pequeño, en el que nacimos toda la familia en el que el contacto con la naturaleza me hizo ser sensible et attachée a la Tierra, mi padre me enseñó; y, el otro, en el que me crié, más grande pero un pueblo igualmente, al que he dedicado muchas entradas de este blog y en el que he vivido más años, aunque a intervalos.
Quizás tenga que empezar a pensar dónde quiero seguir, quizás sea el momento de volver a ver los paisajes que guardo en mi memoria y buscar la paz, no se puede guerrear constantemente. Ulises, después de años de ausencia, también volvió a su casa, a Ítaca, a su paraíso, aunque yo no tenga a una Penélope ni a un Telémaco que me esperen, ya allí. La vida pasa y se lleva la vida y a las personas de nuestra vida.
** Hoy, casi sin proponérmelo, me he puesto a escribir. Escribes sobre algo y, sin querer, descubres al terminar que, hace muchos siglos, alguien escribió sobre lo mismo con una gran belleza, además. De esto de lo que hablo, lo podéis leer en este otro post "...déjate llevar del corazón..."
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