
Hacía 20 años que fui a Praga por primera vez y, cuando surgió el viaje, no me hizo mucha gracia, hubiera preferido otro destino, pero acepté.
Después de tantos años, la ciudad ha mejorado mucho, pero mucho: los edificios están limpios y resplandece su glorioso pasado histórico; los medios de transporte son modernos y no soviéticos y la ciudad disfruta de sus amplios espacios, porque esto si que tiene Praga que es muy amplia, además el río Moldava que divide la ciudad en dos, refresca el ambiante y hace que la calícula de este inicio de verano sea más llevadera.
Volví a visitar los lugares que todos los turistas visitan:
El Viejo Ayuntamiento y su Reloj Astronómico, los palacios de Kinsky (sede de la Galería Nacional) y residencias nobles como la Casa Storch, de vistoso estilo neorrenacentista, las iglesias de San Nicolás y la de Nuestra Señora de Tyn.
La torre de la Pólvora, es la única que queda en pie de las trece entradas que tenía la ciudad.
El Castillo de Praga es en realidad un conjunto arquitectónico del siglo IX. Este recinto fortificado, en lo alto de la colina Hradcany, es no de los más extensos y soberbios de Europa. Como si fuera una ciudad en miniatura. Contiene museos, el Palacio Real y el curioso Callejón Dorado que en el siglo XVI se construyeron once casas de estilo manierista para albergar a los veinticuatro guardias reales y a sus respectivas familias. Posteriormente, en el siglo XVIII aquí se trasladaron los orfebres de la ciudad -de donde procede su nombre- y escritores como Franz Kafka y el premio nobel Jarozlav Seifert. Hoy, las coloridas casas acogen cafeterías y tiendas de artesanías. Kafka cuenta con un museo dedicado a su vida y obra en Malá Strana, en el edificio de la antigua fábrica de ladrillos Herge.
Pero sin duda, el edificio más sobresaliente es la Catedral de San Vito, el templo más importante de la república Checa. La Puerta Dorada es su entrada principal. La preside el mosaico del Juicio Final, realizado por artistas venecianos del siglo XIV. En su interior guarda tesoros centenarios como las joyas de la corona checa que se exhiben en la Capilla de San Wenceslao, y también incluye arte más reciente como los vitrales que el artista modernista Alfons Mucha (1860-1939) diseño para la catedral gótica. Los Jardines Reales ocupan la zona norte del Castillo, con varios pulmones verdes como el Parque Belvedere y el Chotkovy, que son dos de los más agradables para pasear.Una decena de puentes conectan en la actualidad las dos orillas del río Moldava a su paso por Praga.
El más antiguo es el Puente de Carlos, hoy peatonal, que une desde 1357 la Ciudad Vieja con el barrio de Malá Strana. Hasta 1741 fue el único que cruzaba el río Moldava. Con una torre de defensa en cada extremo, está flanqueado por estatuas barrocas de personajes destacados de la historia de la ciudad y santos como san Wenceslao. Nido de mil y una leyendas, hoy son vendedores ambulantes, dibujantes y músicos callejeros amenizan el paseo por esta pasarela, siempre frecuentada de visitantes y de praguenses que se acercan a admirar su río.
El antiguo barrio judío de Praga, uno de los mayores y todavía mejor definidos de Europa, mantiene lugares representativos, entre ellos varias sinagogas y el antiguo cementerio, aunque ahora sus calles acogen muchos comercios. El Antiguo Cementerio Judío es uno de los camposantos hebraicos más antiguos de Europa, fundado en el siglo XV. A pocos metros se pueden visitar las sinagogas Viena, Nueva y la Española, cuyo interior de mosaico destaca por su belleza. La Isla de Kampa esta antigua zona de huertos y molinos situada justo debajo del Puente de Carlos, rodeada por el río Moldava y por el riachuelo Čertovka, la Venecia Praguense, como se la conoce, es ideal para callejear a paso lento, dejándose enamorar por la hermosa Plaza Na Kampé, conectada al Puente de Carlos por un doble tramo de escaleras, o dejando un mensaje en el muro de Muro de John Lennon.
La Casa Danzante se encuentra entre los edificios barrocos, góticos y Art Nouveau del distrito Praga 2, a la orilla derecha del río Moldava, este edificio desconstructivista, de cristal y formas curvas, una rompedora y desafiante es obra de los arquitectos Vlado Milunić y Frank Ghery (1996).
La Cabeza de Franz Kafka en Praga es una impresionante escultura cinética de 10,6 metros de altura y 39 toneladas, creada por el artista David Černý e instalada en 2014. Está formada por 42 paneles de acero inoxidable que giran de forma independiente, desintegrando y recomponiendo el rostro del escritor en un ciclo constante.Se encuentra junto al centro comercial Quadrio, en la Ciudad Nueva (Nové Město). Los paneles se mueven formando un espectáculo visual durante unos 15 minutos en la hora en punto. Sus 42 capas representan los años que vivió el escritor. El movimiento constante evoca la complejidad psicológica de su obra, la transformación de La metamorfosis y la fragmentación de la identidad. El Muro de John Lennon. A muerte de Lennon, el 8 de diciembre de 1980, en Praga apareció un mural con la cara del cantante con varias frases contra el gobierno autoritario de Gustáv Husák. Aunque el grafiti se borró, volvieron a pintarlo repetidamente con mensajes y dibujos pacifistas. Con los años, se convirtió en el muro de John Lennon, donde quien quiera puede dejar su mensaje. Yo lo hice. Aunque me gustan más otras ciudades, fue muy agrable volver a visitar esta ciudad, recordar todos estos lugares tan especiales y tomar algo en algunos sitios que la vez anterior no lo pude hacer: El café Savoy que data de 1893, se encuentra en la orilla del río Vltava, cerca de Kampa y a pie de Petřín. Está ambientado en los cafés de la era de la Primera República Checoslovaca. El Augustine Restaurant se ubica en un antiguo monasterio agustino del siglo XIII en el barrio de Malá Strana y comer en restaurantes de comida checa de la ciudad vieja o modernos de otras partes de la ciudad.