"EL SABER SE DEBE TANTO AL INGENIO COMO AL GUSTO."









miércoles, 23 de abril de 2014

PLIEGOS Y ESENCIAS

Aunque, a veces, escribo sobre los libros y la lectura, me interesan también otras ‘fragancias’ sobre las que no siempre escribo. Sin embargo, desde que llevo Le coin…, se me acaban ocurriendo similitudes entre los libros y elementos de la vida cotidiana y de una de estas asociaciones sale este post para el Día del Libro de este año. 
Como tengo una nariz bastante despierta, el otro día, al pasar por la sección de perfumería y cosmética de unos grandes almacenes, se me ocurrió que entre los libros y los perfumes se puede establecer ciertas analogías; no porque los libros los elija por cómo huelen, sino porque también los ‘llevamos puestos', se nos huelen, lo mismo que los perfumes y porque, como los perfumes, los hay de todas clases, para todos los gustos y para diferentes momentos; es por eso por lo que, no nos ponemos el mismo perfume por la mañana que cuando salimos por la noche; como, de igual modo, en un momento determinado nos apetece leer una historia y no otra.
Así, en algunas ocasiones, nos apetece aspirar un perfume de notas frescas, florales, cítricas, como  L'eau de cologne, donde las notas de bergamota se propagan por el aire y lo refrescan. Como suspiramos por los libros que se leen rápido y bien, en los que el autor cuenta una historia viva, donde los protagonistas no encontrarán grandes obstáculos que les impidan conseguir sus objetivos. Y si a estas historias, se les  añade un toque romántico, unas notas de rosa o jazmín,  pero sin llegar a lo dulzón que empalague, la historia te anima…

En ocasiones, hueles esa fragancia de siempre, la que no caduca,  la que no declina,  la que no envejece – Chanel nº 5,-que hay señoras que lo llevan desde hace más de 60 años-, quizás por esa mezcla de azahar, sándalo, jazmín, rosas, en justas proporciones; o quizás sea por su maestría en lograr el equilibro  perfecto entre diálogo y narración, entre descripciones y retratos; por sus innovaciones narrativas que le han valido la admiración de todos; o por sus versos envolventes, vibrantes, apasionados, de significados inmortales, que aguantan los decenios y los hijos de los hijos la siguen, los siguen leyendo porque siempre han estado en las estanterías, ya que, un día, en casa, alguien también leyó y allí lo guardó hasta que  luego nos habló con pasión de ellos, de ella. Y desde entonces, le, les tienes fervor porque mejor…, ya no se puede. ¡Qué manera de poner las emociones en concreto!, ¡qué manera de seleccionar la mejor palabra del florilegio!, la más expresiva, la más sonora, la que equilibra, la que no rompe, sino armoniza, la que da sentido a  toda la composición!
A veces, suele suceder en ciertos momentos, que quieres volver a comprar un perfume que ya probaste; pero, por arrebatos del destino, cuando lo vas a comprar te dicen que han dejado de hacerlo, que lo han retirado del mercado. Como cuando quieres leer aquel título que te quedó sin leer por aquel tiempo o porque ahora has encontrado unas referencias que hablan de él;  y por más que buscas e indagas ya no hay manera de encontrarlo porque está agotado, la editorial ya no reedita esos títulos, los ha descatalogado; su interés se centra en otro tipo de lecturas, o porque que era una edición limitada hasta final de existencias.

Lo más curioso es cuando vas por la calle y te llega ese bálsamo, ese aroma que te recuerda a una persona. “Ella olía así”. ¡Era tan agradable  o desagradable el olor que desprendía! Como hay libros que leerías de nuevo y  de otros, ni un resumen.

Luego quedan los ‘vahos’, que los hueles y se esfuman. Sales a la calle, se ventean, y... ya no existen. La loción se ha sido sin deja  sutil estela. El frasco te ha durado un suspiro. Como los libros que los lees y al cabo de poco tiempo, ya ni recuerdas el título, y ¡mira que era un buen tocho y tuvo un éxito llamativo! Estuvo de moda.

Y de tanto en tanto, lo que nos apetece de verdad es cambiar de perfume, cambiar nuestras lecturas; sondear nuevas ventanas que nos transborden del mundo sensible al mundo inteligible y viceversa porque, en esto de las esencias y las cuartillas, nos gusta andar de trajín.






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