"EL SABER SE DEBE TANTO AL INGENIO COMO AL GUSTO."









miércoles, 29 de mayo de 2013

“Que nada me invada de fuera, que solo me escuche yo dentro...”




Ocúpate de las cosas del corazón, que lo demás vendrá solo”, leí en una ocasión.







El corazón… Cariñoso corazón.



Cobijo de emociones, refugio de sentimientos, abrigo de silencios elocuentes.
Mundo maravilloso de relieves abruptos, de altos picachos, de profundos valles;
De granito moteado, de jilguero posado, de perfume nuevo de azahar, jacinto y nardos;
De rompeolas receloso, de pararrayos venteado;
De copiosos aguaceros, de torrentes estacionales, de tranquilas aguas de un lago;
De amplias planicies de dúctil hierba de primavera;
De amapolas granas, de trigales verdes, de mariposas gualdas;
De la suavidad esponjosa de las nubes de un cielo de mayo…


* “Que nada me invada de fuera, que solo me escuche yo dentro...” , Juan Ramón Jiménez.


jueves, 23 de mayo de 2013

GEORGES MOUSTAKI


GEORGES MOUSTAKI
3 de mayo, 1934 Alejandría (Egipto) - 23 de mayo 2013, Niza (Francia)


IL EST TROP TARD

Pendant que je dormais, pendant que je rêvais,
Les aiguilles ont tourné, il est trop tard.
Mon enfance est si loin, il est déjà demain.
Passe, passe le temps, il n'y en a plus pour très longtemps.


Pendant que je t'aimais, pendant que je t'avais,
L'amour s'en est allé, il est trop tard.
Tu étais si jolie, je suis seul dans mon lit.
Passe, passe le temps, il n'y en a plus pour très longtemps.


Pendant que je chantais ma chère liberté,
D'autres l'ont enchaînée, il est trop tard.
Certains se sont battus, moi, je n'ai jamais su.
Passe, passe le temps, il n'y en a plus pour très longtemps.


Pourtant, je vis toujours, pourtant, je fais l'amour,
M'arrive même de chanter sur ma guitare,
Pour l'enfant que j'étais, pour l'enfant que j'ai fait.
Passe, passe le temps, il n'y en a plus pour très longtemps.


Pendant que je chantais,
Pendant que je t'aimais,
Pendant que je rêvais,
Il était encore temps.

lunes, 20 de mayo de 2013

MARIO BENEDETTI


PIEDRITAS EN LA VENTANA
a Roberto y Adelaida

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas.

Quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos.

Está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca.

Está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.
Mario Benedetti, Cotidianas (1978-1979) .

domingo, 5 de mayo de 2013

LOS ALBORES DE UNA VIDA

Aujourd'hui,
 fête des grands-mères, des mères,
des tantes, des marraines...
Como cada mañana, se levantó temprano. Desde siempre había sido ella la primera de la familia en tirarse de la cama y levantar las persianas para que la luz del incipiente día entrara a raudales, alejara los fantasmas de la noche e inundara de alientos renovados toda la casa.
Aquella era una mañana con la singular luminosidad de las frías mañanas de invierno. Miró al cielo, a ese escaso trozo de cielo que le permitían ver los edificios que tenía enfrente y pudo vislumbrar los primeros destellos del sol que salpicaban el firmamento de rojizos y añiles resplandores y que tanto le recordaban los amaneceres de su pueblo.

Sin saber por qué, aquella mañana sus pensamientos se refugiaron en aquellos años y se estremeció. Sus ojos se llenaron de nostalgia y le caló la melancolía.
Por primera vez, desde que perdió a su marido, sintió como compañera de desayuno a esta invitada tan poco deseada y contra la que había luchado desde entonces.
- La vida es una lucha - le gustaba repetir a menudo y desde luego que, contra ese desamparo, que aquella mañana se mezclaba con el café y las galletas, se había debatido ya antes.
Y así, casi sin querer o casi sin poder remediarlo fueron pasando, entre sorbo y sorbo, algunos momentos de su larga vida. A sus noventa y dos años había visto mucho, incluso aquello que nunca hubiese deseado ver.

Y se vio de niña con su abuela a la que adoraba; en la escuela, en el recreo jugando con las demás niñas; ayudando a su madre en los afanes cotidianos de la casa;  en la tienda de ultramarinos de su tía donde la mezcla de olores a conservas a peso, a vino a granel, a nueces, a especias y a manzanas, la envolvían en vahos casi balsámicos.
Su madre le decía que se parecía mucho a su madrina,  que era fina y menuda como ella; aunque  ella sabía que le faltaba su coraje. La resolución con la que se había ocupado de la tienda, después de que al tío, su marido, lo mataran en la guerra era digna de admiración. ¡Y de cuánto le sirvió su ejemplo!

También se vio llena de ilusión en aquellos años durante los que “habló” con el que luego sería su marido ¡Qué guapo siempre lo encontró, y qué buen mozo era! Cuando se casaron tuvo que dejar su pueblo e irse al de su marido. Su suegro les propuso que se ocuparan del aserradero familiar; él quería descansar de tanto trajín, le iban faltando fuerzas. Fue su primera marcha, el primer gran cambio de su vida y a pesar de que  no estaban lejos y se tuvo que ocupar de ir creando su propio universo doméstico, a veces,  le asaltaba la añoranza de no tener a su lado a las mujeres de su casa: la dulzura de la sonrisa de su abuela, el valor de los silencios de su madre, la agudeza de su tía. Aquí fue donde comenzó a admirar la  singularidad de la luz de las mañanas y a quedarse sobrecogida ante la hermosura de los albores matinales antes de ir de  habitación en habitación  para despertar a su familia. .

Luego fueron llegando sus tres hijos, todos ellos varones y esa pequeña frustración por no haber tenido una niña a la que tanto le hubiera gustado lavar, peinar y hacerle vestido con lazos, como habían hecho con ella su abuela, su madre y su tía. Sin embargo, estaba muy orgullosa de sus hijos, habían sido buenos, muy estudiosos y juiciosos. Ninguno de ellos quiso quedarse en el pueblo y continuar con el negocio familiar, los tres se vinieron a la capital para estudiar, aquí se casaron y formaron sus propias familias, como ella lo había hecho antes.

Un buen día, volvieron los tres a casa por las vacaciones como lo habían hecho desde siempre y les propusieron que para tranquilidad de todos, se vinieran con ellos a la ciudad, en la que ahora se encontraba. Fue su segunda salida.
Les compraron un piso pequeño, - para qué más grande si solo sois los dos, dijeron-, lo amueblaron a su gusto y cuando le preguntaron que qué le parecía, ella dijo que bien; era lo que todo el mundo esperaba, y se guardó  para sí lo mucho que echaba de menos  los muebles y los cachivaches de su casa que no había podido traerse y que la habían acompañado a lo largo de  toda su vida; así como lo mucho que le había costado cerrar su casa y despedirse de sus vecinas, que habían sido casi como sus hermanas.

Poco a poco se había ido familiarizando con estos nuevos enseres  con los que compartía tan reducido espacio, como se estaba acostumbrando a la ausencia de su marido con el que había convivido  durante sesenta y ocho años. En su matrimonio había sido feliz  por momentos, como todo el mundo, en otros había sabido no sentirse desgraciada; en algunos, y como todas las mujeres, se había sentido poco comprendida por su esposo porque ¡cuánto les cuesta a los hombres pensar con el corazón!... Pero sí, podía decir que  había sido feliz.

Y aquella  hermosa  mañana de invierno en la que el frío quedaba al otro lado del cristal, tras dar el último sorbo a su café,- se dijo-, que a su edad, ya sabía que  somos solamente beneficiarios temporales de cuanto nos rodea y  que, en estos momentos, no podía conceder que su aliento se diluyera como un azucarillo entre los posos del  café. Ver  amanecer cada mañana era el mejor de los regalos que le podían brindar  ahora sus ojos; todavía le quedaban energías para levantar la persiana y ver el rubor de la mañana.

 – Vamos Rosalía -se animó-, tus bisnietos te aguardan.

Covadonga Vicente.
*Los albores de una vida,  relato finalista de "Relatos cortos".



miércoles, 1 de mayo de 2013

ANNA KARÉNINA

O le souvenir de ces heures de lectures chipées sous les couvertures à la lueur de la torche électrique ! Comme Anna Karénine galopait vite-vite vers son Vronski à ces heures de la nuit ! Ils s’aimaient ces deux-là, c’était beau, mais ils s’aimaient contre l’interdiction de lire, c’était encore meilleur ! Ils s’aimaient contre père et mère, ils s’aimaient contre le devoir de math à finir, contre la « préparation française » à rendre, contre la chambre à ranger, ils s’aimaient au lieu de passer à table, ils s’aimaient avant le dessert, ils se préféraient à la partie de foot et à la cueillette des champignons…ils s’étaient choisis et se préféraient à tout… Dieu de Dieu la belle amour !

       Et que le roman était cout ".



Daniel Pennac, Comme un roman.




Anna Karenina.

Dirección: Joe Wright
Reparto: Keira Knightley, Jude Law, Aaron Taylor-Johnson, Domhnall Gleeson, Kelly Macdonald, Olivia Williams, Ruth Wilson, Matthew Macfadyen, Emily Watson, Michelle Dockery, Jude Monk McGowan, Holliday Grainger, Luke Newberry, Alicia Vikander, Susanne Lothar.
Año: 2012
Duración: 130 min.
País; Reino Unido.

TESIS SOBRE UN HOMICIDIO


A veces los acontecimientos se suceden  apresuradamente   y no  da tiempo a hacer todo lo que quisieres, por lo que, siempre hay cosas que quedan relegadas, como el comentario de esta película que lleva a medias tres semanas. Esta es la tercera película que veo sobre las relaciones entre profes y alumnos. Monsieur Lazhar y Dans la maison fueron las anteriores.

Tesis sobre un homicidio que nos acerca al mundo universitario. Y es en este mundo de élite en el que se mueve Roberto Bermúdez juez y profesor universitario de renombre, especialista en Derecho penal, que en un de sus seminarios contará como alumno a Gonzalo, hijo de un amigo suyo, alumno destacado y admirador incondicional del primero. Sin embargo, este alumno brillante despertará recelos en su profesor, tal vez por su misma excelencia o tal vez,-y como dice uno de los personajes de la película- porque: “A los treinta uno busca un lugar para trabajar, a los cuarenta ganar dinero y a los cincuenta prestigio”. Esta relación profesor-alumno-conocido desencadenará la trama de esta película de tildes psicológicas.

Roberto en su seminario inculca a sus alumnos la importancia de los “detalles” en una investigación. Esta relevancia que otorga a los mismos sumada a su presunción, vanidad o fe ciega en su capacidad de análisis le lleva a iniciar, por su cuenta, una investigación para resolver el asesinato de una chica en el campus universitario.

La historia sigue las pesquisas del juez continuamente, por lo que espectador tiene la certeza, como Roberto, de que sus investigaciones desenmascararán al asesino. Pero la importancia que da a una serie de datos o hechos fortuitos o aislados le lleva a un final sorprende, aunque abierto porque los detalles, a veces, son solo eso, detalles.

La película dirigida por Hernán Goldfrid, está basada en la novela de Diego Paszkowski de gran éxito en Argentina y cuenta como protagonista con un Ricardo Darín que está soberbio; encarna a las mil maravillas a este juez madurito, listo e irónico, de toques chispeantes de intelectual de vuelta de muchas cosas pero,… no de todas. Darín está acompañado por Alberto Ammann, que también borda el papel de ese alumno sobresaliente que incomoda tanto a su profesor.

La película me ha hecho recordar una frase que oí a M. A. Aguilar y que recojo como síntesis de la misma: “Hay convicciones que crean evidencias”.