"EL SABER SE DEBE TANTO AL INGENIO COMO AL GUSTO."









lunes, 25 de febrero de 2013

NICOLE KRAUSS


La gran casa es la última novela publicada en España de la neoyorquina Nicole Krauss, escritora de gran éxito: ha sido elegida entre los veinte mejores escritores estadounidenses menores de 40 años.

La novela, según la autora, tiene una composición polifónica ya que en ella confluyen las vidas de varios personajes: una escritora solitaria que lleva tras de sí varios fracasos amorosos y que, de una forma fortuita conoce a Daniel Varski, joven poeta chileno que al dejar la ciudad le pide que guarde en su casa varios muebles que le pertenecen de entre ellos un escritorio del que se afirma perteneció a Federico García Lorca. Pasan los años y estos muebles, que en un principio iban a estar en su casa solo una temporada, formarán parte del mobiliario de la misma e irán adquiriendo una significación especial para la escritora, sobre todo el escritorio sobre él que escribirá sus mejores páginas. Un día, se entera de que David ha engrosado la lista de las personas desaparecidas de la dictadura de Pinochet por lo que cree que los muebles se quedarán definitivamente con ella. Pasado el tiempo, recibe la visita de una chica que dice ser hija de Daniel y le reclama el escritorio. Así aparecen en escena los hermanos Yoav y Leah, hijos de Weisz anticuario judío que ha consagrado su vida a recuperar, por todo el mundo, los muebles expoliados por los nazis y con el que mantienen una relación paterno-filial diferente y compleja. Así, de Nueva York ‘viajamos’ a Jerusalén, a Londres donde también se descubrirá otro secreto y a Budapest.

Estas cuatro historias tienen pues, como hilo conductor un escritorio de diecinueve cajones, uno de los cuales que está cerrado, es como, por una parte, representara los misterios que esconde el pasado del alma humana que se proyectan al presente y lo condicionan y por otra, como si cada cajón simbolizara cada elemento que va configurando nuestras vidas; como una gran casa, que haya que ir reconstruyendo pieza por pieza para que poco a poco constituya un todo que solo al final del novela adquiere sentido.

De Krauss se dice que su prosa es enigmática, bella y sutil. No diré lo contrario, sobre todo, porque opinar de una traducción es bastante arriesgado; sin embargo, sí puedo decir que esta forma de presentar varias historias que se entrelazan al final no es que sea precisamente original; este formato está muy de moda y no de deja de ser otra manera de presentar una novela camenbert. 
De todos modos,  lo que sí me pasa con algunos escritores americanos incluso con los de mayor éxito – como por ejemplo Paul Auster-, es que no acabo de encontrar en sus trabajos todas las cualidades que la crítica tanto celebra. Seguiremos probando.

 
La gran casa.
Autor: Nicole Krauss.
Título original: Great  House.
Pags.:352 http://www.salamandra.info/titulos.php?titol=823

jueves, 14 de febrero de 2013

NOCHES DE LIGNITO


El viento frío hacia desapacible caminar por las calles. Las copas de los árboles se agitaban frenéticas, como sacudiéndose el escozor de este frescor invernal. Los gorros de los caminantes se sujetaban con mano firme. Las bufandas, bien anudadas  al cuello, escondían los rostros.
Sin embargo, en uno de los bancos de la avenida, el ardor de los besos de una pareja de adolescentes desafiaba el rigor del termómetro de esta noche  tan destemplada. – No hay nada como ser jóvenes para vivir, en la intemperie, la dulzura de unos besos que hacen subir la temperatura corporal varios grados. Nada está ya destemplado y el resto…, el resto no existe.

Unos bancos más adelante, sin dar tiempo a que la sonrisa desapareciera de los labios, una joven veinteañera solitaria hablaba por teléfono. De repente, alzó la voz: - ¡Basta ya David! ¡Yo no puedo vivir así!- Aquí, la armonía se había roto, la cosa pintaba fea y bien fea que se puso, porque un par de metros más adelante; la joven se puso a gritar. No con esos gritos agudos y ácidos de la rabia, sino con gritos hondos, ahogados por las tristezas. Gritos de desesperación por querer hacerse comprender. Gritos que suplicaban consuelo a tanta pena, a tanta desolación. Gritos lanzados al anonimato de la noche oscura y desangelada de la ciudad. Gritos que ni siquiera el tráfico pudo enmudecer. Gritos que rebotaron en los troncos de los árboles como una carambola. ¡Basta ya David! – transportaba el viento como motas de polvo en suspensión.

En estos momentos, a esta desconsolada chica ni le pasaba por la cabeza que si nadie puede obligarnos a amar a alguien, nosotros tampoco podemos obligar a nadie a que nos ame y que, en ocasiones, el amor lastima, que el amor rasga y a veces quebranta. Que el amor no siempre es compartido, que el amor no siempre es comprendido, que el amor no siempre es generoso, ni servicial, que tiene límites, que irrita el alma, que produce bajeza, que nada soporta, que pasa o que no llega.

El desespero de la chica era grande; quizás el de David también. ¿Cómo decirle que lo que ella quiere, lo que ella espera; él no quiere, no  puede  o simplemente no sabe cómo dárselo y que prefiere no seguir? ¿Cómo hacérselo entender sin que les duela?

Y ahora que la ciudad se ha vestido de corazones por  San Valentín, a lo mejor este día, esta chica, como otros piensen que, a pesar de que hablemos todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, a pesar de tener el don de la profecía y conocer todos los misterios y toda la ciencia, a pesar de haber aspirado a los dones más perfectos, que si no tenemos amor, no seremos una campana que resuene o un platillo que retiña.

Tal vez, merezca la pena recordarle, recordarnos  que los sentimientos duran lo que duran las circunstancias que los originaron y que las circunstancias cambian. Por eso, por mucho que ahora sufra, que no olvide que muchos otros corazones de diversas formas y  colores la aguardan, aunque ahora no lo crea, porque...:   Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.



¡Feliz San Valentín para todos!

viernes, 8 de febrero de 2013

PRIMAVERA ÁRABE

A veces los ratos que paso en el gimnasio me dan para escribir un post, si es que lo narrable ocurre al alcance de mi vista. Como soy miope y no llevo las gafas, a cierta distancia, las cosas y las personas se difuminan, pierden sus limpios contornos y de muchos detalles no me jalo ni una rosca y eso es lo que pasó el otro día. Desde la máquina de abductores, veía, en la cinta, a una chica que estaba corriendo y que llevaba algo de vivos colores en el pelo. Al principio pensé que eran una de esas cintas que se había intercalado en las trencitas. Salí de dudas cuanto terminé mi rutina y me fui hacia la puerta de salida de la sala de feetness. Mis ojos seguían puestos en aquellos bonitos colores y a medida que me acercaba, la imagen se iba haciendo más nítida y vi con cierta extrañeza que la que corría en la cinta era una joven musulmana con pantalón negro hasta los tobillos, camiseta oscura de manga larga hasta las muñecas y que lo que a mí me había llamado la atención era el chador que le cubría la cabeza y parte del rostro y su iphone. La imagen de la chica esta era, hasta el momento, insólita para mí ¡Musulmana practicante que iba al gimnasio a hacer deporte! ¡Las cosas van cambiando!, me decía.
Volvimos a coincidir en varias ocasiones más, ahora ya la distingo, los colores de su pañuelo la identifican y cada vez que la veía, piensaba que qué bien, es una chica joven, moderna, aunque respetaba las tradiciones. Uno de esos días, después de la sala de feetness fui a la piscina y antes de llegar al jacuzzi, me encontré un cochecito de bebé, cosa que me pareció extraña. Me sumerjo en la chispeante corriente acuosa y cuando me estaba empezando a acomodar, la veo aparecer con el mismo equipo de deporte, sentarse al lado del cochecito y empezar a hablar con un hombre que estaba en la piscina pequeña jugueteando con su nenita. Era su familia. Su marido estaba en bañador, por su puesto, ¡qué tontería! ¡qué va a llevar en una piscina! Ella, no;  nada de prendas impúdicas... 
Al parecer, hasta esta parte del gimnasio no ha llegado la primavera árabe.

domingo, 3 de febrero de 2013

DELPHINE de VIGAN


Rien ne s’oppose à la nuit es el último libro de Delphine de Vigan. Este libro me lo regaló este verano mi amiga Anne a pesar de mi negativa a que me lo comprara, porque al contarme brevemente el argumento, el libro despertó mis reticencias. Cuando llegué a casa, lo dejé en la estantería, no me atraía nada a pesar de los premios que ha obtenido en Francia y la gran cantidad de lectores que han quedado seducidos por esta historia en varios países más; pero ante su insistencia, empecé a leerlo. He tardado en terminarlo varios meses, entre medias he ido leyendo otros, cualquier excusa era buena para descansar de esta historia autobiográfica personal, familiar, terapéutica. En muchos momentos, me resultaba poco menos que impertinente colarme en la historia de esta familia en la que las desgracias se han cebado hasta la tragedia una y otra vez; adentrarme en una historia en la que es casi poco menos que imposible conceder que una sola familia, por más numerosa que sea, pueda acumular tanta desdicha, tanta adversidad, tanto sufrimiento.

La foto de la portada – que se han mantenido también en la edición española- es la de una bella joven, Lucile, madre de la escritora verdadera protagonista del libro. Delphine escribe sobre la vida de su madre, un ser de cualidades de excepción y que, sin embargo, no terminó de encajar en la vida.
La autora que, ha sufrido, junto a su hermana, durante toda su vida las consecuencias de la grave enfermedad mental de su madre, busca respuestas en el entorno familiar de Lucile: padres y hermanos con los que habla. De esta manera el libro adquiere visos de mayor veracidad al contar con varias perspectivas. De este acopio de experiencias y recuerdos irán saliendo todos los espectros que la familia fue guardado bajo llave durante el paso de los años: matriarcado, padre ausente y preocupado por mantener un estatus social, muertes accidentales, suicidios, enfermedades mentales, depresiones, incesto todos ellos cubiertos por silencios, silencios que potenciaron pesadumbres, desconsuelos, angustias... por lo que, una y otra vez, justifica su decisión de escribir sobre su familia por prescripción facultativa ya que durante todo el libro quedan al descubierto muchas miserias y vilezas familiares. Por el contrario, de las páginas que Delphine de Vigan dedica a su madre emanan amor filial, ternura y comprensión a modo de contrapeso a tantas tristezas y amarguras.
El libro que acaba con la redención de su madre está bien escrito, aunque pienso que son demasiados los saltos al pasado, las digresiones, los frecuentes descargos con los que pretende justificar el porqué de este relato.


*Le titre du livre a été tiré de la chanson "Osez Joséphine" écrite par Alain Bashung et Jean Fauque.

 
Prix du Roman FNAC 2011.
Prix Roman France Télévisions 2011.
Prix Renaudot des Lycéens 2011.
Prix de l'Héröine Madame Figaro 2012.
Prix des Lycéennes de ELLE 2012.
Gran Prix des Lectrices ELLE 2012.


Delphine  de Vigan.
Rien ne s'oppose à la nuit.
Editions JC Lattès. 440 pages.
France 06 / 2012.


Delphine  de Vigan.
Nada de opone a la noche.
Nº de páginas 376.
Colección  Panorama de narrativas