"EL SABER SE DEBE TANTO AL INGENIO COMO AL GUSTO."









sábado, 29 de septiembre de 2012

MELODÍA DE UN DÍA DE LLUVIA

Todo lo que vive no vive solo, no para sí mismo. William Blake.


Tal vez sea hoy cuando la nueva estación haya decido mostrarse. No hay apenas luz, parece más pronto de lo que en realidad es. Los tonos matinales se hacen  extraños: está muy nublado. Las nubes se van cerrando si cabe aún un poco más. No se tarda en oír el repique de las gotas en los cristales. El otoño se presenta  esta mañana con lluvias generosas. Ya no hay prisa para nada, el ritmo lo marca el sonido del crecido pero sosegado aguacero. El trajín de sábado por la mañana se aplaca. La casa se ha despertado lacia.  La flor del Lis del jarrón está mustia, aunque todavía conserva su color.
El sonido de la lluvia me reclama los sutiles acordes de la música de G. Fauré que me traen a la menoria el “concierto d’amis” de Miguel Ángel Estrella, pianista excepcional  y embajador argentino ante la UNESCO que no cesa en su afán de acercar la música clásica a las clases sociales más desfavorecidas. De aquella tarde recuerdo la delicadeza de las piezas elegidas y la afabilidad del intérprete que desde el cercano escenario, preguntaba a los espectadores conocidos por amigos comunes y  también que después de cada pieza, contaba una anécdota que tenía que ver con algún concierto que había dado en algún pueblecito perdido de la Pampa, del Llano o de la Montaña. Se recreaba en los detalles como lo hacen las personas que saben que es ahí, en los sencillos detalles donde la vida y el hombre se manifiestan, donde los hombres y sus vidas nos sorprenden y se hacen perdurables.
Durante los afanes de esta parda mañana de inicio de otoño, la música de ensueño, de rebeldía, de amor y muerte… de paz de Fauré se ha reuniendo con la perseverante lluvia.

viernes, 21 de septiembre de 2012

PLAYERAS Y "MANOLOS": SUEÑOS DE MUJER

Aux femmes qui rêvent.

Me acordé de ella cuando me senté en el banco, saqué las sandalias de la cesta de rafia y empecé a desatarme los cordones de las zapatillas de deporte que traía puestas. Y no sé por qué asociación de ideas, me acordé de Tess y después también de Carrie; tal vez, porque por aquí los edificios son también bastante altos y de muchos despachos.
Aunque parezca casi imposible, en las ciudades quedan todavía espacios al abrigo del tráfico y del ruido en algunos barrios que han conseguido variar muy poco su aspecto de siempre. Hace unos meses, de forma casual, descubrí uno que me gusta particularmente y, aunque tiene el inconveniente de que está al otro lado de donde vivo, procuro ir en cuanto tengo un rato a este patio enrejado de un palacete decimonónico con mirador, estanque, palmeras y sombrillas, de ambiente familiar y distendido; a tomar algo y a leer al aire libre. Como las tardes son todavía largas, el otro día fui dándome un paseo. Cuando estaba en casa pensé que era mejor ponerme las playeras porque por lo menos habría una hora de caminata. Lo que ocurre es que antes de llegar hay que atravesar uno de los quartiers d’affaires de la ciudad y allí las mujeres llevan tailleurs et talons y los hombres costumes et cravates, y como de vez en cuando me asaltan estos repiques de coquetería, decidí meter las sandalias en la bolsa para ponérmelas antes de llegar.

 Y así, poco antes de empezar a cruzarme con hommes et femmes d’affaires, me senté en un banco de la avenida y me cambié de calzado; lo mismo que hacía todas las mañanas al desembarcar del ferry que la llevaba a su despacho en Manhattan, Tess. Y mientras me quitaba las zapatillas y me ponía las sandalias, me acordaba de Armas de mujer, de Melanie Griffith, de sus playeras y de sus zapatos de tacón que contaban de dónde venía y adónde quería llegar; de dónde estaba y adónde quería estar, que simbolizaban las dos realidades en las que vivía y  la encaminaban hacia la conquista de sus sueños.

Igualmente me acordé de Sexo en Nueva York, de Carrie y de sus Manolos símbolos ya de triunfo, de éxito completo y que tan bien emulan determinadas treintañeras que han hecho de la película sus vidas  al salpicarlas con esas mismas tildes glamurosas.
Y debe ser que como los Manolos han estado siempre fuera de mi órbita de mis  posibles sueños y que como ya he pasado de los treinta, me acuerde antes de  Melanie Griffith y su calzado, de Harrison Ford y sus camisas blancas o de Sigourney Weaver y su escayola, que de Carrie; y que tenga la certeza, al seguir la estela de ambas protagonistas, de que algunos asuntos se siguen resolviendo en torno a los zapatos, como en el cuento de Cenicienta.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

JUAN GABRIEL VÁSQUEZ

XIV Premio Alfaguara de Novela 2011.

Y ardían desplomándose los muros de mi sueño,
¡tal como se desploma gritando una ciudad!
AURELIO ARTURO, Ciudad de sueño.

A Juan Gabriel Vásquez lo conocí este invierno; ya había terminado la gira de promoción de su libro  por América y tuvo la amabilidad de venir a hablar de él  al taller de lectura en el que participé. Durante las dos horas que estuvo con nostros, tuve la impresión de que era un tipo sencillo, con las justas presunciones y que hablaba y hablaba con nosotros con naturalidad, como si nos conociera desde hace un tiempo. Nos contó anécdotas, alguno de sus trucos para escribir y  habló de sus autores preferidos. Este hecho condicionó mi lectura porque mientras leía su novela, El ruido de las cosas al caer, al narrador, Antonio Yammara, le di el mismo aspecto y la misma voz que el autor.
En cuanto al libro propiamente dicho, cabría decir que, El ruido de las cosas al caer relata una historia intersante y  que es ésta una novela ambiciosa y compleja en cuanto a su composición argumental:  en ella se mezclan varios personajes, varias historias, varios tiempos narrativos, varios narradores con certera habilidad de tal modo que el lector, a veces, no se da ni cuenta.

La historia nos sitúa en la Colombia de justo antes del desarrollo de los famosos cárteles de la droga y el relato de la misma corre a cargo de Antonio Yammara. Todo comienza cuando conoce a Ricardo Laverde en el bar donde jugaba al billar. Al principio, Ricardo no pretende hacer amigos, pero a la larga se establece entre ellos una amistad que Antonio procura que sea distante. Pero la Adversidad vino a llamar a las puertas de ambos personajes y a la salida de la Casa de la Poesía, Ricardo es tiroteado y muerto y Antonio que lo acompañaba, gravemente herido. Tras un largo período de convalecencia en el que recibe el cuidado de Aura, de la que espera una hija Leticia, Antonio comienza a preguntarse por el porqué de lo sucedido y a querer saber quién era Ricardo Laverde. Esta y otras muchas preguntas que se encadenan le llevarán a realizar una serie de pesquisas que le conducirán a la fonda donde se alojaba. Allí empieza a encontrar alguna  respuesta:  la  patrona le va a proporcionar la casete que Ricardo estaba escuchando cuando lo mataron en la que se recogía la conversación de los pilotos de un avión comercial minutos antes de estrellarse. En ese avión viajaba Elaine (o Elena como la llamaban en Colombia), esposa de Ricardo, que regresaba a Colombia desde su país natal, Estados Unidos después de haber estado durante varios años separados. En su juventud, Elaine trabajó como cooperante en Colombia y en su ingenuidad nunca sospechó cuál era la actividad de algunos norteamericanos que estaban en Colombia. Elaine se casó con Ricardo, que hizo de su pasión, la aviación, su oficio: con su pequeño avión conseguía llevar la mercancía hasta Estados Unidos, hasta que un día las cosas no salieron como siempre y pasó varios años en las cárceles norteamericanas. Todos estos detalles sobre la vida de Ricardo, los va descubriendo Antonio tras conocer a Maya, hija de Ricardo y Elaine que vive retirada en la pequeña hacienda que su padre obsequió a su madre y donde Antonio pasará unos días leyendo e interpretando las cartas y los documentos que Maya y él encuentran en un baúl. Para Maya, parte de la historia que descubre le va a resultar sorprendente porque durante mucho tiempo su madre le había ocultado la verdad: le hizo creer que su padre estaba muerto.

La historia de la vida de Ricardo va poco a poco quedando al descubierto lo que no deja de ser un triunfo para Antonio, sin embargo, su vida personal y familiar son todo lo contrario; al final del recorrido a Antonio no le queda nada de la vida que había construido con anterioridad al atentado, ahora sabe sobre Ricardo, es cierto,  pero su vida tiene que continuar, sí pero ¿cómo? Este y otro interrogantes quedan sin respuesta en la historia, el final abierto del relato es un atractivo más para leer esta novela.


El ruido de las cosas al caer.
Juan Gabriel Vásquez.
Colección: Hispánica.
Páginas: 272.
Publicación: Mayo 2011.



 



martes, 4 de septiembre de 2012

JAVIER MARÍAS - Los enamoramientos


He tardado un tiempo en leer la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos, y con la expectación que despiertan las publicaciones de Marías, creo que a estas alturas, se debe haber dicho ya todo sobre ella y sobre todo después de que se la ha considerado como la mejor novela de 2011.
Los que conocen la manera de narrar de J. Marías saben que no es autor de lectura de una tirada; su prosa es densa, elaborada y de cuidado lenguaje, tal vez sea, junto a Vila-Matas y alguno más, uno de los mejores escritores del panorama literario actual.
De esta buena novela, hay varios aspectos que llaman la atención, por no ser demasiado frecuentes, como es  el hecho de que el autor haya elegido un narrador- protagonista para contarla, por lo tanto el relato está narrado en primera persona. Así,  la mayor parte del tiempo asistimos al relato de unos hechos y a las más que concienzudas reflexiones que María Dolz se hace sobre  lo que vivió en el periodo en el que entra en su vida de una forma más directa un matrimonio con el que coincidía a la hora del desayuno en un bar cercano a su trabajo y otras personas relacionadas con aquél. A este núcleo principal, de casi narrador omnisciente, se van incorporando los diálogos que entabla con los demás personajes, que no son más que cuatro. De entre ellos, los diálogos más importantes, en cuanto a su extensión así como por su contenido para el devenir de la historia, son los que mantiene con Javier Díaz-Varela por lo que éste adquiere  el rango de coprotagonista. Él es el de las ideas; él es quien se relaciona con todos los demás personajes y es él con quien la protagonista tiene un devaneo, un enamoramiento – haciendo referencia al título-. Luego estaría Miguel Devern (e) que aunque no está, está bien presente a lo largo de la novela; su viuda, Luisa Alday que sin saberlo es la causante de sus desgracias por ser objetivo de Javier; además de Ruibérriz de Torres, que es cómplice también sin saberlo.
Interesante es señalar como un atractivo  más de la novela, la selección de lecturas y  de autores con los que  los dos protagonistas fundamentan sus argumentaciones, acciones y conclusiones con alusiones  a  fragmentos de Los tres Mosqueteros, a un relato de Balzac, El coronel Chabert;  o citas de Macbeth, incluso hay una referencia al Covarrubias para fijar una definición, -en este caso es Luisa-; pero es que los personajes de la novela, como corresponde a su clase social, han cultivado bien su intelecto, pero menos su espíritu y primordiales escrúpulos morales los tienen muy descuidados.
Cabría destacar igualmente, el cuidado con el que Marías maneja la tensión narrativa, estamos ante una novela con ciertas dosis de misterio pero que presenta un ritmo de poquísimas variaciones, un tono sostenido que baja muchos grados el suspense y un desenlace que se va intuyendo poco a poco.  Pero, a pesar de todo, la historia no te suelta. María, con su biorritmo tranquilo, aunque nada ingenuo, consigue que sigamos  interesados por sus deliberaciones y por las consecuencias de sus actos; es como si, en esta novela, la trama fuera solo una excusa  para dejar al descubierto el alma de la protagonista y para armar una crítica sin subterfugios a la sociedad actual y a sus maneras de proceder.

Los enamoramientos, novela de las que hacen pensar durante un buen rato.


Javier Marías.
Los enamoramientos.
Alfaguara, abril 2011.
Páginas: 408.
http://www.alfaguara.com/es/libro/los-enamoramientos/

 Muy interesante la  entrevista  al autor que aparece  en Babelia: http://elpais.com/diario/2011/04/02/babelia/1301703133_850215.html