"EL SABER SE DEBE TANTO AL INGENIO COMO AL GUSTO."









domingo, 5 de abril de 2015

"Cruz que ninguno mira y que todos sentimos...


Siguiendo la tradición, la Semana Santa en Medina se inaugura el Domingo de Ramos con la Procesión de las Palmas o como la conocemos todos desde niños, de “La borriquilla”. Este año, el tiempo no iba ser el protagonista y todo indicaba que  las cofradías iban a poder ‘profesionar’. El sol salía con fuerza y, por momentos, nos hizo creer que estábamos poco menos que en mayo pero, no, aún falta y por las mañanas las recias heladas dejaban temblando las delicadas flores de los almendros florecidos. Los de la Huerta Miranda también sobresalen ya por las tapias del corral. Los almendros son muy tempraneros. El resto del campo, salvo los cereales que tienen ese verde intenso, reposa todavía, esperando la ansiada lluvia de primavera que, este año, sigue estando presente en las conversaciones de los vinos, pero por su ausencia. El campo necesita agua y los labradores se impacientan.

Durante los días de procesión, todo salió como estaba previsto, con las pequeñas anécdotas de todos los años, que hacen de cada año un año singular.
De este año,  recordaré que en  la confitería Aroma, Lázaro, ha ideado unos pastelitos redonditos de chocolate que los ha llamado Tapetanes, como el pequeño tambor que se toca  debajo de los pasos durante las procesiones. 

También porque he aprendido que hay procesiones el Martes Santo, la de La Clemencia que retoma la tradición de entrar en la iglesia de Santa María por la puerta del Corro de S. Miguel y salir, a la plaza, por la puerta principal y que el Miércoles Santo,  además del Vía Crucis,  la procesión  se llama El Encuentro
La del Jueves Santo, la de El mandato y la del Viernes, la de El dolor, la más espectacular, la más concurrida por la talla de sus imágenes y por el peso de los pasos, son las que yo más he visto.
El domingo de Resurrección, cierra la Semana Santa, con la procesión de Cristo Resucitado y el Santo Encuentro con su madre María.

Las imágenes descansan ya en sus respectivas iglesias y en el Museo de Santa Cruz; las túnicas están colgadas  en los armarios;  los farolillos, uniformes y banderines se pliegan con cuidado; los vestidos negros, las peinetas, las mantillas  de las Hermanas que salieron a alumbrar están dobladas en sus respectivas cajas; las trompetas, clarinetes y tambores reposan por unos días, los justos para comenzar otra vez a ensayar para la edición del año que viene.
La Semana Santa, la pasión ha concluido, ahora se abre un nuevo tiempo, el de la esperanza, el de la alegría.





"Cruz que ninguno mira y que todos sentimos, ... Gabriela Mistral.



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